Cómo tratar a mi pareja en pista

Amatrian - Llaguno en WPT Santander.

Amatrian – Llaguno en WPT Santander.

Es una evidencia, y hemos hablado de ello en otros artículos, que para conseguir el máximo rendimiento, esto es, el máximo número de victorias, además de jugar a un buen nivel, hemos de ser capaces de extraer lo mejor de mi compañero.

Una vez analizada la psicología de mi pareja, debo saber elegir mis palabras, mis gestos, mi tono de voz, mi mirada, para conseguir el objetivo común. Podríamos acabar el artículo de la forma más políticamente correcta diciendo que siempre hay que tratar al compañero con respeto, buenas palabras, de una forma muy educada y cariñosa… pero no estoy de acuerdo (ojo, con el respeto sí). Hay situaciones, momentos, compañeros, que requieren de una sacudida, puntual o no, para reaccionar. Por qué no puedo decirle a mi compañero de forma autoritaria que cumpla un plan táctico trazado que no está siguiendo; por qué no puedo apelar de manera vehemente a sus instintos más básicos de manera más o menos brusca en determinados momentos de un partido. Pienso que en ocasiones confundimos la educación y el respeto, que nunca se deben perder, con la demanda de exigencia. Y además la anterior forma de proceder se puede ejecutar sin aspavientos y sin que el público se entere, o sí.

Cada caso es cada caso, eso es evidente. Habrá compañeros muy sensibles por ejemplo, que recibirán cualquier apreciación hecha fuera de la simpatía y la extrema corrección como una agresión imperdonable; o momentos, la mayoría, en que la mejor opción es el cariño y la comprensión. Es muy importante conocer bien a la pareja y su momento actual, para demandarle un extra de forma algo brusca.

Como toda táctica fuera de lo común, ésta también tiene sus riegos y debe ser utilizada solo en ciertas ocasiones y con parejas de total confianza. Existen posibilidades de conseguir el efecto contrario al deseado y deben ser valoradas antes de aplicarlas.

En mi experiencia personal, en la que he utilizado estas herramientas que hoy os presento, los resultados han sido más buenos que malos. Y en un porcentaje altísimo de casos, mis parejas han aceptado mi forma de proceder. Pero he aprendido una cosa muy importante, quizás lo más importante que diré en este artículo: es mucho peor un gesto hacia la grada de desaprobación hacia una acción del compañero, que una solicitud vehemente, incluso un punto agresiva, pero noble, sincera y directa. Ese gesto de desaprobación, ese ruidito prácticamente inapreciable en forma de pequeño chasquido justo después del error, eso sí es verdaderamente doloroso.